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"Irlanda".
Por
Justo Navarro, en el diario El
País, suplemento regional de Andalucía,
el 16 de junio de 2002.
No
sé si iré al bar de mis amigas irlandesas a ver el
España-Irlanda: diversión y división interior, porque
allí yo era irlandés el día del Irlanda-Alemania,
treinta irlandeses y yo en comunidad cervecera-futbolística,
más una de las socias del bar, hispano-belga con
camiseta de Irlanda ese día. Este domingo es además 16
de junio, Día de Bloom, como nos recordaba el martes
Ian Gibson en esta misma página. Bloom es uno de los héroes
del Ulises de
James Joyce, irlandés, y la mujer de Bloom, Molly, era
de Gibraltar, hija del comandante Tweedy y de la española
Lunita Laredo, una perdida (seguramente Barry Gifford
pensaba en Lunita cuando inventó su Perdita Durango). Ulises
es una novela muy de aquí, como apuntaba Gibson, y las
tres ciudades que aparecen en su última página son
Gibraltar, Algeciras y Ronda.
No
sé si alguien lee todavía el Ulises,
no sé si alguien sabe quién fue Joyce, tan famoso en
otro tiempo que salía en las novelas policiacas, quizá
porque lo persiguió la justicia de Nueva York y, según
sentencia, por su culpa quemaron la revista donde Ulises
aparecía por entregas hacia 1920: hay una novela negra
en la que un ejemplar del Ulises
en el bolsillo de la gabardina salva al detective: a una
novela así no conseguía traspasarla ni una bala,
aunque yo conozco a alguien que la ha traspasado un par
de veces, hasta el final, cuando por fin se llega a
Ronda. No sé si Joyce existe todavía, pero todavía
hay quien celebra en su honor el Día de Bloom,
desayunando lo que desayunó Bloom el 16 de junio de
1904, día en el que caben 1.001 páginas: un riñón de
cerdo a la plancha, pan con mantequilla y té.
Antes
le prepara el desayuno a Molly, su mujer, té y
tostadas, se lo lleva a la cama y, mientras le explica
el significado de la palabra metempsicosis (Molly ha
chocado con la metempsicosis en una novela rosa de la
biblioteca pública) y aparta bragas y medias sucias, a
Bloom se le quema levemente el riñón de cerdo. Así
que hoy, para celebrar bien el Día de Bloom, conviene
tener una gata, como Bloom, que le echa a su gata las
partes chamuscadas. Hoy es un domingo irlandés
perfecto, con taberna y fútbol y todas las cabezas
dirigidas católicamente hacia un mismo punto, el
televisor, y los vasos casi vacíos y como abandonados
en la barra, cerveza para los fantasmas del bar. (Hemos
cogido la costumbre del bar irlandés, en la calle
Elvira de Granada, la calle Granada de Málaga o la
plaza de la Catedral de Sevilla, bares oscuros y
atestados de cosas viejas, quinqués, maletas y estuches
de violín, como en el Durty Nelly de Nerja, tesoros de
emigrantes, de cuando la hambruna de la plaga de la
patata llenaba en 1848 los llamados barcos-ataúd que huían
hacia América, como me recuerda Carlos Mendo. ¡El
hambre siempre ha sido una estupenda, terrorífica
agencia de viajes!).
Feliz
entre estos asuntos recreativos, historia, literatura y
fútbol, se me va la realidad. Quiero enterarme:
pregunto si alguien sabe algo del debate político en el
Parlamento andaluz sobre la vida en la región. ¿Debate?
¿Qué debate? Nadie sabe nada, ni se entera. La política
andaluza ha desaparecido, lo que no sé si es un
desastre o una magnífica señal.
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