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Los
personajes que deambulan solitarios entre las páginas
de Dublineses (1914), primer obra publicada por James
Joyce a los 32 años de edad, quizá agotan el catálogo
de las diversas formas de exilio. Para transterrarse no
es necesario el abandono físico de eso que llamamos
"nuestra tierra". Los personajes de este libro
de cuentos lo demuestran bien: para ellos basta con
ubicarse fuera de esa realidad de noria que generalmente
se nos impone, o ser rechazados, negados, borrados de
ella como si fuéramos una frágil letra sobre papel.
Un
nuevo rico, por ejemplo, marcado por una fortuna
imprevista, vive una forma de exilio entre los ricos
llamados "de familia", pues su conducta a
menudo es errática, fallida en muchos sentidos. Y no se
trata de afirmar que un nuevo rico ",no tiene
derecho" a relacionarse con la burguesía histórica;
lo que Joyce está afirmando es que hay, que ser lo
suficientemente libres como para conducirnos de manera
natural, en donde quiera que estemos. El dinero por sí
mismo no hace mejor a nadie. Antes bien. existe un alto
riesgo de que suceda lo contrario, como lo demuestra
Jimmy Doyle. personaje central del cuento de Joyce,
"Después de la carrera".
El
padre de Jimmy "había hecho su dinero como
carnicero en Kingstown y al abrir carnicerías en Dublín
y en los suburbios logró multiplicar su fortuna varias
veces".
Joyce sigue el juego con el nombre del
pueblo en que originalmente vivieron, para reafirmar la
plebeyez de la familia Doyle: Kingstown. "(...) príncipe
de mercaderes, envió a su hijo a educarse en un gran
colegio de Inglaterra
En este momento padre e hijo han
quedado fuera por completo de su contexto irlandés );
por supuesto, tampoco se podrán integrar al medio
ambiente inglés: "Jimmy no anduvo muy derecho como
estudiante y durante cierto tiempo sacó malas notas
(...). Su padre. amonestante, pero en secreto orgulloso
por sus excesos, pagó sus cuentas y lo mandó llamar.
"Se cierra así una etapa en la vida de nuestro
exiliado. Suponemos que el padre de Jimmy decidió que
los negocios, ya que no los estudios. habrían de
convertir a su hijo en un triunfador. Las buenas
relaciones harían las veces de catalizador de sus teorías:
Jimmy se embarca en una carrera de autos a bordo de un
vehículo compacto de fabricación francesa, tripulado
por dos primos, uno francocanadiense y; otro -el que
conduce- francés, en el asiento trasero Jimmy y un húngaro,
que después descubriremos, es el entertainer de
los jóvenes ricos. Relata el narrador omnisciente:
"Recorrer rápido el espacio, alboroza; también la
notoriedad, lo mismo la posesión de riquezas. He aquí
tres buenas razones para la excitación de Jimmy. Ese día
muchos de sus conocidos lo vieron en compañía de
aquellos continentales."
Jimmy, extraño en el paraíso, no
consigue conducirse adecuadamente. está como mareado;
será una presa fácil del afilado colmillo de los
"hijos de familia": "Ségouin (dueño del
auto) lo presentó a uno de los competidores franceses
y, en repuesta a su confuso murmullo de cumplido, la
cara curtida del automovilista se abrió para revelar
una fila de relucientes dientes blancos." Se
empezaba a configurar, para Jimmy, la posibilidad de
convertirse, casi de pronto, en socio de inversionistas
extranjeros. Era importante que se tratara de
"continentales", pues "(...) la inversión
era buena y Ségouin se las arregló para dar la impresión
de que era como favor de amigo que esa pizca de dinero
irlandés se incluiría en el capital de la firma".
El carnicero de Kingstown habría de
echar la casa por la ventana esa noche, en una celebración
sin precedentes. Jimmy se vestiría de smoking. "En
casa de Jimmy se declaró la comida ocasión
solemne."
Después de la cena, los jóvenes
inversionistas deciden dar un paseo por la ciudad,
durante el cual se encuentran con un amigo dueño de dos
virtudes irresistibles: rico y extranjero, quien los
invita a jugar a las cartas en el yate que tiene anclado
en la bahía. El relato está por terminar y el lector
presiente que el ritual del sacrificio de iniciación
está cerca: "Era una serena noche de verano; la
bahía se extendía a los pies de Jimmy como un espejo
oscuro (...); abordaron un bote en el espigón y remaron
hasta el yate del americano. Habrá cena, música y
cartas." Es decir, se sacrificará una presa para
ser devorada, esto se celebrará y la presa será
seleccionada al azar. "Villona (el entertainer
húngaro) dijo, con convicción: ¡Es una belleza!"
El
narrador describe así aquella experiencia inédita de
Jimmy: "¡Qué contento! Jimmy participó de lleno:
esto era vivir la vida por fin ( ... )"
Esta expresión del narrador resume muy
bien cómo Jimmy ha perdido por completo la perspectiva,
lo cual tendrá un precio: (...)jugaron juego tras
juego, entrando audazmente en la aventura. Oscuramente
Jimmy sintió la ausencia de espectadores: qué golpes
de ingenio. Jimmy no sabía a ciencia cierta quién
estaba ganando, pero sí sabía quién estaba perdiendo.
Pero la culpa era suya, ya que a menudo confundía las
cartas y los otros tenían que calcular sus pagarés
(...).. Era un juego pésimo. Hicieron un alto para
brindar por la buena suerte (...)"
Suponemos que la seriedad del momento
se pareció a un réquiem, y eso era en realidad:
"Claro que él perdió. ¿Cuántos pagarés habla
firmado? (...). Sabía que lo lamentaría a la mañana
siguiente, pero por el momento se alegró del receso,
alegre como ese oscuro estupor que echaba un manto sobre
sus locuras (...). La puerta del camarote se abrió y
vio al húngaro de pie en medio de una luceta gris (venía
de haber estado tocando el piano y cantando toda la
noche): ¡Señores, amanece!"
Podemos
creer que el sol entró por fin en la conciencia de
Jimmy al abrirse la puerta del camarote, y aquella
experiencia fue noche de epifanía; propiciadora de un
regreso a casa del que Joyce, sin embargo no dice nada,
Jimmy se queda en un yate, amanece y está de cara al
mar.
Por
otra parte, para el chico del cuento "Arabia",
el estado de aislamiento queda establecido en la primera
línea: "North Richmond Street, por ser un callejón
sin salida, era una calle callada."
Su condición de huérfano lo separa
también del común de los niños. Vive en la calle
Mundorrico, cuando justamente la pobreza cruza, en múltiples
direcciones, su mundo. Acude a una cita con una chica y
ésta lo deja plantado porque, según parece, sólo él
sabe que la ama y del encuentro mismo sólo él parece
estar enterado; todo ha sido producto de su anhelo de
cariño. Al final de la historia. en el parque de
diversiones que se llama precisamente "Arabia"
e inspira. por su nombre, lejanía, viaje, exilio, el único
ser omnipresente que acompaña a nuestro personaje es la
oscuridad: "oí una voz gritando desde un extremo
de la galería que iban a apagar las luces. La parte
superior del salón estaba completamente a oscuras
ya".
En
"Un Encuentro" los jóvenes protagonistas
empiezan diciendo, también en la primera línea, como
un sumario de sus sueños de viajero: "Fue Joe
Dillon quien nos dio a conocer el Lejano Oeste."
Hacen luego un viaje en bote, que
guardadas todas las proporciones equivale a cruzar un océano.
Uno de sus acompañantes es el exiliado por antonomasia:
"Cruzamos el Liffey en una lanchita, pagando porque
nos pasara en compañía de dos obreros y de un judío
menudo que cargaba una maleta.
En
la radio y la TV los problemas son de tiempo, aquí son
de espacio. Por esta razón hasta aquí las referencias
a Dublineses y la visión del exilio que hay en esta
obra.
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