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El ‘Ulises’ de James
Joyce es uno de los libros clave en la revolución de la
novela en el siglo XX. Inspirada en la ‘Ilíada’ de
Homero, propone una combinación de las tradiciones
literarias del realismo, el naturalismo y el simbolismo
plasmándolos en un estilo y una técnica novedosos. Fue
la inauguración por todo lo alto de otro modo de
narrar. Acompañado de críticas y elogios, hoy se
cumplen 100 años de uno de los paseos más emblemáticos
de la literatura universal.
El
propio Joyce explicaría el propósito de su libro:
"Es la epopeya de dos razas (Israel - Irlanda) y al
mismo tiempo el ciclo del cuerpo humano y también el de
una pequeña historia de una jornada. La figura de
Ulises me ha fascinado siempre desde niño. Comencé a
escribir un relato para Dublineses hace 15 años pero lo
dejé (...) También es una especie de enciclopedia. Mi
intención es la de no sólo presentar el mito ‘sub
specie temporis nostri’, sino también que cada
aventura (es decir, cada hora, cada órgano, cada arte
conectados y fundidos en el esquema somático del
conjunto) condicione o, mejor dicho, cree su propia técnica".
Ésa
era la idea mental del creador, pero habrá que esperar
a 1922 para que por fin ‘Ulises’ vea la luz. El
mundo de las letras frunce el entrecejo con extrañeza,
se encoge de hombros o agranda los ojos de asombro y
cierta envidia. La técnica novedosa en la que está
escrito, llamada monólogo interior, es la culpable de
tanto revuelo y tanta relectura de párrafo.
Monólogo
interior y censura
Leopold
Bloom, protagonista de la novela, es una mente que se
‘derrama’ en los sucesivos capítulos. Ese 16 de
junio de 1904 o Bloomsday, (se llama así en alusión a
Leopold Bloom, y al Doomsday, o día del Juicio Final)
Leopold deambula junto a Stephen Dedalus por las calles
de un Dublín de bruma y gentes. El héroe griego de
Homero ha mutado en un hombre errante, rodeado por las
multitudes pero siempre solo. La ciudad le atrae y le
repele. Todo es amenazante.
Los
estados de ánimo, las asociaciones de ideas, las
impresiones, los temores... todo eso que se pasa por la
mente y que pocas veces se dice en alto es el
vanguardista modo de narrar al que Joyce invita en su
particular ‘Ulises’. Invita pero no lo pone fácil.
Leer tanta conciencia a borbotones requiere paciencia y
esmero. Como trasfondo del libro, caos en la mente es
directamente proporcional a caos en la sociedad moderna.
Pero
llegar publicarlo no fue un camino fácil. A finales de
1917, Joyce creía tener el libro casi terminado y se
propuso publicarlo por entregas, con el doble objetivo
de ganar algo de dinero y de imponerse un ritmo de
trabajo para terminar la obra de acuerdo con unos plazos
impuestos. Entró en escena Harriet Shaw Weaver, editora
de la revista londinense ‘The Egoist’, que desde
1914 fue publicando ‘Retrato de un joven artista’.
Pero el puritanismo de Gran Bretaña y EEUU no podían
aceptar las vulgaridades y bajas pasiones de los
personajes de ‘Ulises’ y la obra fue censurada y
quemada. Sólo se publicaron algunos capítulos, y con
cortes. Hubo que esperar hasta 1936 para adquirirlo en
Reino Unido.
Obra,
complejidad en aumento
Hijo
de un recaudador de impuestos (y se dice que con la
mejor voz de tenor de la Irlanda de la época), Joyce
nació en Dublín el 2 de febrero de 1882. Fue un niño
muy observador y ausente entre nueve hermanos. Educado
en los jesuitas, rompió con la Iglesia católica en la
universidad, donde ya escribía asiduamente. En 1904
abandonó Dublín con Nora Barnacle, una camarera
semianalfabeta y dos años menor que él, con la que
acabó casándose y teniendo dos hijos, llamados Giorgio
y Lucía Ana.
Viajó
por toda Europa y vivió en Trieste, París y Zürich,
siempre con escasos recursos por su trabajo como
profesor de inglés. Joyce conocía bien el italiano y
17 idiomas más, entre antiguos y modernos, incluso el
griego, el sánscrito y el árabe. Un tiempo después,
sufre su primer ataque de iritis, grave enfermedad de
los ojos que casi le llevó a la ceguera.
Su
primer éxito literario, apenas con 18 años, le vino de
la mano de un artículo titulado 'El nuevo drama de
Ibsen', publicado en una revista londinense. Sin
embargo, su primer libro (que contiene 36 poemas de
amor) no llegará hasta 1907, con el titulo ‘Música
de cámara’. En su segunda obra, un libro de 15
cuentos titulado ‘Dublineses’, narra episodios críticos
de la infancia y adolescencia en una familia media de
Dublín. Su primera novela, ‘Retrato del artista
adolescente’ tenía un talante muy autobiográfico. En
ella aparece ya el conocido personaje Stephen Dedalus, a
partir del cual recrea su juventud y vida familiar.
También de esta época data su obra de teatro
‘Exiliados’.
Se
dice que no se enteró en Zürich de que estallaba la
guerra y de que era considerado un enemigo, porque
estaba inmerso, precisamente, en la escritura del
‘Ulises’. Sin embargo, la complejidad de sus
escritos fue aún en aumento. En ‘Finnegans wake’,
su última y más laberíntica obra, llevó la
experimentación lingüística al límite, escribiendo
en un lenguaje que combina el inglés con palabras
procedentes de otros idiomas.
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