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Por
Andrés Pérez Simón.
Desde
hace unos meses el lector en español dispone de una
nueva obra dedicada a la vida de James Joyce, lo cual
siempre debe ser considerado una nueva noticia. El libro
en cuestión corre a cargo de un profesor irlandés
afincado en Trieste, la ciudad italiana en la que Joyce
vivió entre 1904 y 1920, aunque pasó algún tiempo en
Roma y en Zürich durante este periodo. Publicado en
inglés en el año 2000, éste es un minucioso estudio
sobre el ambiente cultural con el que Joyce se encontró
nada más llegar de Irlanda, con 23 años, y que abandonó
para marchar a París en 1920.
John
McCourt deja claro en el prólogo que no pretende emular
“el muy completo y elegante James Joyce de Richard
Ellmann”, refiriéndose a la biografía definitiva
sobre el escritor irlandés, reeditada recientemente por
Anagrama en colección Compactos. Dice McCourt respecto
a los capítulos que Ellmann dedica a la estancia de
Joyce en Trieste:
“...en
forma brillante y conmovedora describe la vida
cotidiana de Joyce en esa ciudad y su desarrollo como
escritor, pero rara vez intenta conectar este
desarrollo artístico con la rica y cosmopolita
textura del Trieste de principios de siglo”.
(pág
15).
No
vale la pena explicar aquí cuál es el principal
objetivo de este trabajo, muy bien documentado, cuando
el propio autor lo resume en unas pocas líneas:
“Los
años de esplendor, aunque reconociendo plenamente el
continuado papel central de Dublín en la conciencia
creadora de joyce, revalúa el impacto de los años
triestinos, desde su llegada en 1904, a los 22 años (significativamente,
la edad de Stephen en Ulises), hasta su final y
renuente partida en 1920, a los 38 años (la de
Bloom)”.
(pág
16).
El
autor de esta biografía ha pretendido reconstruir con
la máxima fidelidad -algo logrado en distintos pasajes-
las calles, los cafés y los amigos y enemigos que Joyce
fue encontrado a lo largo de sus años en Trieste. Esta
ciudad, que hasta la Primera Guerra Mundial pertenecía
al Imperio Austro-Húngaro, fue una curiosa mezcla de
lenguas y culturas muy del agrado de Joyce. Para John
McCourt, si el personaje de Stephen Dedalus en Retrato
del artista adolescente y Ulises ya estaba en la cabeza
de Joyce cuando éste dejó Dublín, lo cierto es que
los otros dos grandes caracteres de Ulises -Leopold y
Molly Bloom- son “en gran parte, productos de su
exilio en Trieste” (pág 17).
Precisamente,
uno de los pasajes más interesantes del libro es el
dedicado a la descripción de la comunidad judía en la
ciudad. Joyce siempre tomaba notas de todo lo que le
llamaba la atención y, a la vez, se las arreglaba para
encontrar en un traje, en un gesto o en unas palabras el
material para sus novelas. Por esta razón, se interesó
por conocer las costumbres judías y así
inmortalizarlas, siempre alejado de lo sagrado y con
bastante burla, todo sea dicho, en su magna obra Ulises.
McCourt cuenta, por ejemplo, como el nombre de Leopold
Bloom fue tomado por Joyce de un judío llamado Luis
Blum, y también cómo el autor irlandés aprovechó los
discursos de los sionistas que pasaban por la ciudad
camino de Israel para su obra.
A
la versión en castellano sólo cabe reprocharle que, en
las referencias a obras de Joyce citadas, éstas vengan
sin número de página, por lo que los fragmentos de
Ulises sólo vienen marcados por (U), los de Finnegans
Wake por (FW). El traductor parece haber trabajado con
los textos originales, pero ello no impide que cite las
páginas traducidas, y en el caso de Ulises sí reconoce
citar una traducción al castellano...que resulta ser la
segunda edición de la versión de José María Valverde,
¡del año 1976! Podría haber elegido una edición más
actualizada del mismo traductor o, yendo aún más lejos,
la última traducción de la obra, a cargo de Francisco
García Tortosa (Cátedra).
Aparte
de estas irregularidades en la citación de pasajes,
nada se puede objetar a este nuevo estudio biográfico.
Sólo se le puede dar la bienvenida a un mundo, el de
las letras en español, que necesita de investigaciones
tan valiosas como ésta.
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