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Andrés
Pérez Simón.
Nos
encontramos ante un título que viene a enriquecer la
escasa bibliografía en lengua española dedicada a las
adaptaciones de las novelas de Joyce al cine. Su autor,
profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de
Almería, pasa por ser uno de los mayores expertos
nacionales en lo que se refiere a las películas rodadas
a partir de textos del irlandés, que además de Ulysses
son Passages from Finnegans Wake, Dubliners
(si bien se trata únicamente del relato The Dead),
A Painful Case (de Dubliners) y A
Portrait of the Artist as a Young Man. Este último
título, junto al que ahora nos ocupa, fue adaptado de
la mano de Joseph Strick, un entusiasta norteamericano
de la obra de Joyce que aún hoy, en sus últimos años
de vida, lucha por evitar que aparezcan nuevas versiones
que eclipsen sus trabajos cinematográficos.
El
libro aparece dividido en dos bloques: en la primera
parte, el autor hace un repaso de la historia que rodeó
la gestación y recepción del filme, y pasa
posteriormente a analizar la segmentación del discurso
fílmico y literario; en el segundo apartado, estudia
pormenorizadamente la relación existente entre los 18
capítulos de Ulysses y su traducción (en
algunos casos, completa omisión) al guión literario
primero y guión fílmico después. Tras las dos
secciones, un apartado para las conclusiones cierra el
estudio.
Isaías
Goméz arranca el capítulo 1 ofreciendo un estudio
exhaustivo de las circunstancias que rodearon la
realización y distribución de la película. En lo
referido al trabajo del director, los problemas económicos
supusieron un obstáculo casi infranqueable que
condicionó en buena medida el trabajo posterior (así,
no se pudo recurrir a actores de nivel por la escasez
económica); por otra parte, la incongruente calificación
de película X que recibió el filme en Gran Bretaña y
Estados Unidos, como si el término “pornografía”
fuera ya inherente a Ulysses, no contribuyó
precisamente a la distribución comercial ni a una
recepción favorable desde la crítica.
Quizá
la principal aportación del autor español en cuanto al
estudio de la filmografía de Joyce aparezca recogida en
las últimas páginas de este capítulo 1, en las que
analiza el relato cinematográfico a partir del original
de Joyce. El primer aspecto que destaca es que Joseph
Strick no incluye todos los capítulos de Ulysses,
y además reduce a una duración mínima (menos de
minuto y medio) el número 5, “Los lotófagos”. Además,
tampoco respeta el orden presentado por Joyce, por lo
que el espectador no sólo asiste a una supresión sino
también a dicha alteración del orden. Respecto a los
recursos técnicos utilizados por el cineasta, llama la
atención de Isaías Goméz la total ausencia de
transición entre escena mediante cortinillas, fundidos
o encadenados; sólo el filme acaba con lo que denomina
como “conocido y arcaico procedimiento del corte
directo” (pág 28).
La
principal crítica a Joseph Strick surge de la
caracterización que hace de los dos personajes
principales, Leopold Bloom y Stephen Dedalus. El primero
fríe de pasada un riñón pero nada se sabe de su gusto
por las vísceras, así como del placer que encuentra en
una buena defecación, si bien estas carencias no son
las más graves al retratarlo si se comparan con su
papel frente a su mujer. De acuerdo a Isaías Gómez,
“...el
filme únicamente presenta una cara de la personalidad
de Bloom, al Bloom como esposo afable y sumiso (...) el
discurso fílmico no hace sino mostrar al espectador una
imagen falsa y descompensada del personaje; lo muestra
única y exclusivamente como actante ante Molly, no como
actante ante sí mismo (...) la mente de Bloom, con toda
su riqueza expresiva de gustos, olores y monólogos
interiores ha sido (...) ignorada”. (pág 36).
Por
lo que respecta a Stephen Dedalus, el filme sí consigue
reflejar con mayor fidelidad sus inquietudes y
odios tal como aparecen en Ulysses. Isaías Gómez
destaca el logro a la hora de captar la muy deteriorada
relación entre Stephen y Buck Mulligan, a partir de la
dicotomía protagonista-antagonista, si bien señala que
el diálogo entre el joven aspirante a poeta y Haines,
el tercer inquilino de la torre Martello, aparece más
como una unión de retazos verbales que como una
conversación medianamente coherente.
Para
Isaías Gómez, el capítulo que mejor ha sabido
trasladar Joseph Strick a la gran pantalla es
"Circe", ya que refleja el aluvión de imágenes,
visiones y percepciones oníricas que asaltan a Bloom en
su bajada al infierno de los prostíbulos dublineses.
Durante más de 32 minutos, que suponen una cuarta parte
de la película, se hace difícil hacer una discriminación
"entre lo real y lo irreal", ya que la aparición
de prostitutas y maleantes se funde con recuerdos
deformados en la mente de Bloom. El director consigue
recrear el ambiente onírico recurriendo a efectos de
montaje (saltos espaciales y temporales) pero importante
para el resultado de la adaptación resulta, sin lugar a
dudas, la fidelidad que el guión guarda respecto del
texto de Joyce.
En
el apartado de conclusiones, el autor determina que, si
bien la traducción al lenguaje fílmico otorga
legitimidad al director de Ulyssespara recurrir a
sus propios recursos ante el texto de Joyce, los
artificios encaminados a capturar el flujo de conciencia
de los personajes no consiguen el resultado esperado. Sólo
el flashback que persigue a Stephen con la imagen de su
madre moribunda materializa en la pantalla el recuerdo
que se presenta al joven esteta, pero aún en este caso
Joseph Strick adultera la idea original al incrementar
la culpa de Dedalus mediante un suceso que añade al guión:
al arrancar el filme en la torre Martello, Stephen ve
como se cae sobre sus pies el cuenco con la espuma de
afeitar que pertenecía a Mulligan, estableciéndose un
paralelismo acusador entre el plato con bilis de su
madre agónica que también se derrama en ese recuerdo
que le persigue. Según Isaías Gómez, licencias
interpretativas de este calibre son las culpables de que
la historia creada por Joyce aparezca demasiadas veces
devaluada.
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