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José
María Valverde -el discípulo de Antonio Machado, como
querían que le recordasen- murió en Barcelona poco
antes del verano. Con él desaparece la sabia hondura de
un maestro, de un hombre bueno, de un ser comprometido
con la palabra y con su tiempo, "un hombre -escribió
Aranguren- que fiel a sí mismo, está siempre en "despedida"
y "espera", traspasando todos los "umbrales",
manteniendo una actitud de nueva izquierda que no
sabemos cuándo advendrá. De la poesía a la teoría,
de la estética a la política, sin dejarse nada atrás".
Había nacido en Valencia de Alcántara en 1926.
"Mi infancia, en realidad es madrileña. Sin
embargo, soy extremeño por los dieciséis costados: mi
bisabuelo Valverde tejía y vendía paños en Valencia
de Alcántara; mi bisabuelo Fructuoso Pacheco, en Cáceres,
era llamado "el Pantalonino", lo que sugiere
que había dejado el calzón campesino por la prenda
burguesa, pero yo soy "valentino" porque mi
madre quiso llevarme a nacer junto a su madre. En 1935
estuve una temporada con los abuelos en Valencia de Alcántara
-a mi abuelo, que no veía casi, le leía "El
Sol". Luego volví algún tiempo, al final de la
Guerra Civil- recuerdo que en casa se recibía el
"Hoy". Tras una visita fugaz en 1974, Valverde
acudió de nuevo a Extremadura hace tres años, invitado
por el Aula Díaz-Canedo. Visitó su pueblo y se emocionó
al recibir un tampón de caucho con su nombre, porque años
antes el claustro de profesores había decidido poner su
nombre al instituto de bachillerato.
José
María Valverde, poeta, traductor, pensador y profesor
de estética, ha sido de nuestros más grandes hombres
de las letras de este siglo. Estudió Filosofía en
Madrid, en cuya Universidad se doctoró con una tesis
sobre la filosofía del lenguaje en Wihelm von Humbolt.
Ese mismo año se casó con Pilar Gefaell, con la que
tuvo cinco hijos. Entre 1950 y 1955, Valverde residió
en Roma. Durante su estancia en Italia, nuestro escritor
conoció a Benedetto Croce. A los 29 años obtiene la cátedra
de Estética en la Universidad de Barcelona. De sus
andaduras como profesor universitario nace un delicioso
libro La conquista del mundo (1960) en el que "una
voz de irónico tono académico repasa la historia
universal, mientras otra voz cuenta anécdotas de la
pequeña historia personal del profesor: el gato que
vive entre los libros, las caras de los alumnos en el
aula, el saludo zalamero del bedel...".
De
su obra crítica merecen destacarse Estudios sobre la
palabra poética, Humboldt y la filosofía del lenguaje,
Historia de la literatura universal, Cartas a un cura
escéptico en materia de arte moderno, Vida y muerte de
las ideas: pequeñas historias del pensamiento,
Diccionario de estética o sus monografías sobre Azorín,
Antonio Machado, Joyce o Nietzsche. Entre sus
numerosos artículos, algunos de los más recientes son
de temática estrictamente política, frente al "nuevo
orden". El compromiso intelectual de José M.ª
Valverde es quizás lo que de un modo más radical lo
define: su compromiso social y político, en las antípodas
de lo que hoy se conoce como un "intelectual
liberal", marcó todo su vida: cristiano,
antifranquista, apoyó la causa popular en Centroamérica
(Cuba y el sandinismo), etcétera. Aún recuerdo, cuando
preparaba el monográfico que en su día le dedicaron el
diario "Hoy" y la Asociación de Escritores
Extremeños, su insistencia en que se reprodujeran tres
de las fotografías que me envió: la de su boda, y
otras dos en las que aparecía junto a Fidel Castro y
Daniel Castro y Daniel Ortega. Me viene también a la
memoria la pasión con la que le hablaba a sus alumnos
de Badajoz -hace unos años, en el Aula Díez-Canedo, de
la causa sandinista.
En
1965, su compromiso político -y también estético- le
lleva a renunciar a su cátedra universitaria, en
solidaridad con los profesores Tierno Galván, Aranguren
y García Calvo, expulsados de la universidad de Madrid
por las autoridades académicas franquistas. Se le
atribuye una frase ya célebre, escrita en la pizarra a
modo de despedida: "Nulla aesthetica sine ethica.
Ergo apaga y vámonos." Desde 1968 a 1977, Valverde
fue profesor de literaturas hispánicas y comparada,
primero en una universidad de Estados Unidos y más
tarde en Canadá, en la universidad de Trent. Antes de
regresar a España, en 1971 se publica Enseñanzas de
la edad (Poesía 1945-1970), un volumen que recogía
sus seis primeros libros de poemas. Primero fue el poeta.
Hace ya casi veinticinco años, en mi pueblo, cercano al
suyo (por entonces había algunos libros en la imprenta
de la calle Larga) compré aquel volumen de Barral
editores, uno de los primeros libros de poesía que
adquirí con mi dinero. Más tarde, en Salamanca, un
librero me "prestó" el magnífico Ulises de
Joyce, digo de Valverde. Vinieron después sus versiones
de Rilke, Eliot, Hölderlin (En 1991, José M.ª
Valverde recibió el Premio Nacional a la labor de toda
una vida de traductor) y su emblemático ensayo sobre
Antonio Machado, era el año 1975 y el libro venía a
conmemorar el centenario del poeta sevillano. Desde
entonces me cuento entre los admiradores de este gran
hombre de las letras, de este gran maestro con el que
pude compartir en Badajoz, hace unos años, un par de días
inolvidables.
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