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La
primera traducción de Ulises al español, la de
Salas Subirat, no apareció hasta 1945, bien que hasta
entonces hubiera habido traducciones parciales de la
obra (también al gallego, así la muy temprana de Otero
Pedrayo para la revista Nós). La versión, y
nunca mejor dicho, de Salas Subirat, en la edición de
la revista argentina Rueda, circuló con profusión
entre quienes, aun en los sesenta y primeros setenta,
querían acercarse al Ulises desde la lengua castellana.
Para la leyenda Salas Subirat ha quedado como un
viajante de comercio catalán, residente en la Argentina
y poco conocedor del idioma inglés. Con el tiempo
la crítica tiende a ensalzar la traducción de Salas (hoy
depurada por Eduardo Chamorro) por considerar que esta
suplía su poca pericia idiomática con excelente vis
cómica y grandes dosis de chispa verbal. Y a
nadie que haya leído el Ulises se le escapa que
éstas son, precisamente, dos de sus características
esenciales.
La
segunda traducción española de la novela de Joyce no
aparecerá hasta 1976. y se debió a José María
Valverde, por entonces auto-exiliado en Canadá después
de su adhesión a los Aranguren, Tierno Galván, García
Calvo, Montero Díaz, expulsados de sus cátedras por el
franquismo. Valverde, catedrático de Estética,
recuperó el nihil estetica sine etica y tomó el
portante. Para traducir el Ulises, y de
nuevo tengo que ceñirme a la leyenda, Valverde
disfrutó de un año sabático, cobrando por la
traducción la cantidad -por entonces ciertamente
importante- de un millón de pesetas. Valverde era
poeta, y no de los peores, circunstancia definitiva a la
hora de vencer los escollos musicales que traducir Ulises
plantea. Y por supuesto dominaba los idiomas de
partida y de llegada. Con todo no dejan de
detectarse errores en la traducción valverdiana, así
-y cito de memoria-el convertir claret (burdeos)
en un vulgar clarete.
La
traducción de Francisco García Tortosa y María Luisa
Venegas que acaba de aparecer dispone en principio de la
ventaja de contar con un amplísima bibliografía
crítica sobre Ulises que continúa creciendo de
manera imparable. También de la procedencia de
ambos traductores del mundo universitario (García
Tortosa es catedrático de Literatura Inglesa en
la Universidad de Sevilla, Venegas profesora
titular de Literatura Inglesa en la misma universidad).
En el caso de García Tortosa su dedicación a Joyce
supera los veinte años, siendo figura destacada de la
Asociación Española James Joyce. Suyo es, en
colaboración, un acercamiento traductor parcial a Finnegans
Wake. Ulises parecía haber encontrado
una versión definitiva en la de Hans Walter Gabler en
1984. Sin embargo, y como señala García Tortosa
en la impecable traducción de 189 páginas que
acompaña la reciente versión de Ulises, ìes
previsible que el futuro aparezcan nuevos textos de la
novela. Ante ello García Tortosa y Venegas han
optado por cotejar cinco ediciones: las de Shakespeare
and Company (1925), Random House (1961), The Bodley Road
(1960), Penguin Books (1968) y la ya citada de Gabler,
Garland Publishing (1984). De esta variorum
surge la que, de momento, tiene mayores posibilidades de
convertirse en la traducción canónica española de la
-para muchos-mayor novela del siglo que se cierra.
Aparte del español, y en lo que se refiere al ámbito
peninsular, hay traducción catalana del Ulises
(1981) de Joaquim Mallafré, y portuguesa, de 1989, de
la autoría de Joao Palma-Ferreira, quien por cierto no
llegó a verla publicada en vida. Y es que Ulises,
por sus dificultades lectoras y traductoras, no digamos
ya escritoras, es una novela para el futuro. Y eso
lo sabía James Joyce perfectamente.
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